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Crea una marca personal diferencial, tangible, que inspire y emocione.

¿Cómo te ves? ¿Cómo te ven?

Una marca refleja la calidad y valor de un producto, pues se posiciona en la mente del público gracias a su mensaje, capaz de generar confianza y credibilidad para preferirla sobre otras opciones. Por ello, la mayoría de las empresas invierten sumas millonarias para construir, establecer y mantener el branding. Pero, ¿alguna vez has pensado que cada uno de nosotros es dueño de una marca personal que, al igual que un producto y/o servicio, puede ser sinónimo de distinción y de éxito?

Veamos. Vivimos en una era disruptiva en la que todo lo que conocíamos como habitual ha dejado de serlo, ya sea porque se ha transformado de forma radical o porque ha evolucionado. En cierto modo, podemos observar tal situación cada día mientras vemos cómo se disuelven prontamente conceptos como: “un trabajo para toda la vida”, “la preparación formal es lo más importante en un perfil” y/o “un trabajo de 40 horas semanales en la oficina”.

Lo cierto, es que frente a ese cambio de paradigma laboral y profesional, sería inadmisible permanecer inmóviles e indiferentes. Necesitamos prepararnos para lo que está por venir y distinguirnos dentro de este mundo cada vez más globalizado en el que las diferencias son cada vez más inapreciables y todos tenemos acceso a las mismas oportunidades laborales.

Por todo ello, necesitamos hacer tangible nuestra experiencia y know how acumulado a lo largo de años y convertirnos en profesionales visibles y fiables. En otras palabras, pero en igual sentido, Tom Peters, uno de los más grandes referentes del management, señala:

“Debemos reinventar nuestro puesto de trabajo en los próximos años, somos empresas de servicios unipersonales y los empleos serán sustituidos por proyectos”. En conclusión, tenemos que empezar a pensarnos como Yo, empresa.

Ahora bien, lo primero que tenemos que hacer para construirnos como marca (o como empresa) es trabajar en un proceso de profundo autoconocimiento. Es decir, para crear una marca personal diferencial, tangible, que inspire, emocione y marque una diferencia de valor es fundamental construir desde dentro hacia fuera. En cierta forma, se trata de una oportunidad para conectar con nosotros, “sentar bases”, descubrir (y por qué no, sorprendernos) en relación a nuestras pasiones, atributos, valores y fortalezas.

¿Qué nos define? ¿Qué proyectamos que nos hace únicos y singulares?

Partamos de la premisa que asegura que “todos somos buenos en algo”; y rompamos con la idea preconcebida de que aquello en lo que somos buenos -verdaderamente buenos- tiene que ser necesariamente algo relacionado a nuestra formación académica. Esto es un ejercicio que propone Raúl de Tena, fundador y director de Grupo Talentia, dentro del Programa de Personal Branding. La idea fundamental es vivenciar todo el proceso con una mente y actitud abierta y receptiva, despegándonos de estereotipos, cuestionando pensamientos, creencias o juicios que acerca de nosotros mismos y de lo que somos capaces.

Ahora bien, para descubrir y cuestionar, como mencionábamos con antelación, tenemos que conectar con nuestra esencia y con los aspectos que definen nuestra identidad. Para ello, nada mejor que comenzar con autodiagnóstico a través del cual es posible abordar y analizar nuestras fortalezas personales y profesionales, nuestras áreas de mejora, nuestros rasgos de personalidad y aquellas cualidades que nos permiten marcar una diferencia de valor.

Además, considerar y reconocernos a lo largo de nuestra trayectoria, detectando las funciones y responsabilidades dentro del área profesional en las que nos hemos destacado por ser verdaderamente buenos, incluso en aquellas cosas se nos daban naturalmente bien, sin generarnos ningún esfuerzo o intención adicional. Un poco era este punto al que me refería en párrafos anteriores; uno puede saberse excelente en su capacidad técnica, pero en realidad, siempre brilló más particularmente por su capacidad para resolver conflictos, para proponer miradas nuevas y/o para comunicar eficientemente.

Seguro que hay algo particular que nos define, aunque si tenemos dudas al respecto, también podemos hacer este ejercicio. Pensemos por un momento, ¿qué creemos que los demás ven de nosotros o recuerdan de habernos tenido como jefes o compañeros? Ahora, hagamos el mismo ejercicio, pero al revés; tratemos de definir con una palabra o concepto a algunas de las personas que han sido parte de nuestro desarrollo profesional, ¿ellos se sorprenderían, coincidirían o discreparían con nosotros al saber qué es lo que más hemos destacado de ellos?

 Es curioso, pero muchas veces los demás son capaces de ver en nosotros cosas que nosotros mismos hemos minimizado en nuestro perfil o que ignorábamos por completo. Sin embargo, si todos ellos destacan ciertas características/habilidades de nosotros (buenas o no tan buenas), ¿acaso no deberíamos, cuanto menos, explorarlas?

En línea con todo lo anterior, y probablemente el ítem más importante, apunta a identificar nuestros valores esenciales; aquellos principios inamovibles que le dan marco y sentido a lo que hacemos. Nada, absolutamente nada -ni el lo profesional ni en lo personal- puede funcionar de forma coherente si no está alineado a esos principios. Vivir y trabajar desde nuestros valores esenciales nos permite ser auténticos, congruentes y coherentes.

En el próximo artículo abordaremos brevemente otra parte fundamental de la construcción de la marca personal que tiene que ver con la definición de objetivos personales y profesionales: ¿qué quieres hacer? ¿Qué quieres lograr?

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