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¿Has pensado en hacer yoga?

Y la inquietud no la planteo yo. Es curioso, pero cada vez es más común acudir al médico con una gastritis que nos mantiene el estómago anudado y cuando estamos esperando que el especialista nos indique una dieta estricta, nos dice: ¿has pensado en hacer yoga? Incluso cuando vamos al psicólogo después de un ataque de ansiedad y estamos esperando que nos recete un ansiolítico, el especialista nos dice: ¿has pensado en hacer yoga?

Es que esta actividad que hace algunas décadas era sólo “cosa de unos pocos” hoy se popularizó y la recomiendan muchos especialistas de la salud, sobre todo por los beneficios que se obtienen a corto y largo plazo con una práctica regular. En palabras del reconocido maestro B.K.S. Iyengar:

“El yoga ofrece los medios para comprender el funcionamiento de la mente y ayuda a serenar sus movimientos”.

Ahora bien, más allá del crecimiento y la popularidad que ha cobrado en occidente, existen aún muchos escépticos que continúan asociando el yoga a creencias erróneas, a mitos urbanos; por ejemplo:

  • El yoga es un deporte. De hecho, es bastante más que un deporte; es una disciplina que incluye una serie de ejercicios físicos y un conjunto de prácticas de respiración y relajación. La misión del yoga es la unión de la mente y el cuerpo a través de la respiración.
  • El yoga es dogmático. Nada más lejos. El yoga es tolerante y abierto; esto significa que mientras para alguien puede volverse un estilo de vida, para otro puede ser su forma de conseguir estados de calma y serenidad. El yoga no impone ningún hábito y/o creencia.
  • El yoga no es para los ansiosos. El yoga es para todo el mundo, inclusive para los ansiosos, pues no se trata de una invitación a “parar de golpe” sino lograr aquietar la mente de forma gradual a través del trabajo físico y respiratorio.
  • El yoga es cosa de mujeres. ¿El más obsoleto de los mitos? Creo que hoy, este prejuicio masculino ha cedido ante la evidencia de que terapias alternativas y/o técnicas milenarias no son, y en rigor nunca lo fueron, territorio exclusivo del universo femenino.
Hatha Yoga. Un camino para explorar el potencial del cuerpo y de la mente.

No es casual que en plena era en la que la inmediatez, las redes sociales y el consumo se potencian y se fortalecen, cada vez más personas eligen resguardarse del bombardeo exterior simplemente mirando hacia adentro, aquietando la mente, buscando serenidad y paz interior.

En este sentido, el hatha yoga, es el tipo de práctica más popularizada en occidente y la más recomendada para iniciarse en esta actividad, ya que se trata de un conjunto de posturas físicas suaves y adecuadas a cada persona (Asanas), ejercicios de respiración y relajación. Durante una clase de esta disciplina se llevan a cabo las posturas más tradicionales, en coordinación con una respiración profunda y consciente. Es una práctica en la que se trae la atención al momento presente y al lenguaje del cuerpo y, como mencionábamos líneas antes, es una buena introducción al yoga porque constituye los fundamentos de la disciplina.

Pero veamos dos de las definiciones más difundidas en relación al hatha yoga. Algunos lo traducen como “el yoga de la fuerza”; otros lo definen como “ha” (sol) y “tha” (luna) y, de acuerdo a este significado, sería el yoga de los opuestos y del equilibrio. En otras palabras, trae fortaleza, aunque también ligereza en el cuerpo y en los pensamientos; nos llena de energía, aunque también de serenidad; equilibra el ejercicio con la quietud y la acción con la intuición.

Efectivamente, este estilo de yoga supone un maravilloso método para mejorar la calidad de vida, la salud del cuerpo y la mente, la paz interior, la confianza personal y el bienestar emocional. En pos de cumplir rigurosamente con todas esas premisas, Mercè Perarnau junto al equipo de profesionales del Centro Itaca, han dispuesto un espacio seguro y abierto para que las personas puedan desarrollar y profundizar en esta disciplina y beneficiarse de muchas de las bondades de la misma, algunas de las cuales mencionamos a continuación:

  • Mantener una buena movilidad de las articulaciones, previniendo el desgaste.
  • Aliviar problemas de espalda, disminuir la presión sanguínea y mejorar la función cardíaca.
  • Mejorar la función respiratoria y la oxigenación de todos los órganos y estructuras del cuerpo.
  • Regular las emociones y disminuir el estrés y la ansiedad.
  • Aumentar la atención, la concentración y mejorar la intuición.
  • Estar presentes, en el aquí y ahora.

Un poco para resumir la esencia de la práctica, el reconocido maestro de yoga Aadil Palkhivala, señala:

“El verdadero yoga no trata de la forma de tu cuerpo, sino de la forma de tu vida. El yoga no se realiza, se vive. Al yoga no le importa qué has sido; le importa la persona en la que te estás convirtiendo”.

Ahora sí, la inquietud la planteo yo: ¿cuándo empezamos yoga?

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