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Neurociencia para coaches.

La ciencia detrás del coaching.

“El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender”. Plutarco.

Hasta no hace tanto tiempo, entendíamos al cerebro como una máquina compleja, similar a un ordenador, con estructuras fijas en las que cada elemento se encargaba de una función particular. Y aunque esto que ha sido una verdad casi inapelable durante siglos, hoy se ha refutado categóricamente con las revelaciones de la neurociencia.

Entre otras cosas, estas investigaciones han demostrado que el cerebro tiene la capacidad de desarrollar a lo largo de la vida nuevas conexiones neuronales, eliminar otras y cambiar o modular la intensidad de las que ya existen. Y es importante saber que todos nuestros pensamientos, patrones emocionales y creencias no son otra cosa que conexiones neuronales que se han ido conformando con el paso del tiempo; que se desempeñan en conjunto para realizar cada actividad y que se van reforzando a medida que repetimos una acción, hasta convertirlas en hábitos y/o rutinas.

Tal vez, producto de todo ello, es que solemos experimentar esa sensación de estar viviendo en “piloto automático”; aunque sobre este tema la ciencia también se ha expedido y, curiosamente, ha revelado que aproximadamente el 90% de las decisiones que tomamos cada día, son inconscientes. Quiero decir, se originan en nuestra mente inconsciente y se basan en nuestros aprendizajes emocionales, nuestras creencias y pensamientos.

Como podemos observar, la labor del cerebro es tan incansable como noble. En definitiva, lo que quiere es que ahorremos energía, tratando de que no pensemos, que no hagamos nada nuevo y que no cambiemos, porque al final “así estamos bien”. De hecho, lo que a él le importa es sobrevivir y si la estrategia, o mejor dicho, si las conexiones neuronales actuales han resultado hasta ahora, entonces ¿para qué aprender algo nuevo, para qué cambiar, para qué complicarnos?

¿Será por no tener en cuenta esta manera de funcionar del cerebro que muchas veces un proceso de desarrollo personal se vuelve cuesta arriba o los resultados no son sostenibles en el tiempo?

Definitivamente, entender muchos de los mecanismos y muchas de las pautas del funcionamiento del cerebro, es una de las claves fundamentales para liderar procesos de desarrollo, transformación y crecimiento personal. Efectivamente, un coach profesional con conocimientos en neurociencia entiende que para que un proceso de coaching sea efectivo, profundo y duradero, debe saber cómo producir cambios en el cerebro de las personas.

Veamos un poco más. Por ejemplo, si alguien ha intentado varias veces aprobar las cinco asignaturas pendientes para titularse por fin de abogado, pero cada vez se boicotea y no lo consigue, ¿qué sucede? Seguramente, no se está activando su circuito de recompensa y entonces no está generando suficiente dopamina para motivarse para alcanzar su meta. Por lo tanto, no está poniendo en juego su fuerza de voluntad que le permite renunciar al placer inmediato (no estudiar) para conseguir unos beneficios mayores a futuro (convertirse en abogado).

Ahora bien, y continuando con el ejemplo, ¿qué necesita trabajar esta persona para superar las asignaturas? En primer lugar, tomar conciencia del hábito de postergar el estudio, centrar la atención en su objetivo; en segundo lugar, activar el circuito de recompensa que le permite acercarse a lo que quiere (en este caso, convertirse de abogado) y el de aversión al riesgo, por ejemplo, el hecho de sentirse fracasado por no aprobar las asignaturas. Ayudaría también, recordar alguna situación anterior superada con éxito en la que haya tenido que aplicar su fuerza de voluntad. Por último, hay que tomar acción, desarrollar un plan realizable que poco a poco introduzca nuevos hábitos que le lleven a su meta.

Como podemos ver, el cerebro nunca promoverá un cambio por sí solo. Tiene que existir un estímulo interno y/ externo para que se produzca el mismo. Una persona tiene que querer –de verdad- tomar las riendas del asunto; caso contrario, la historia se repetirá (una y otra y otra vez).

Un coach con conocimientos en neurociencia que pueda ayudar a las personas a “sortear” los automatismos de su cerebro, para que pueda crear, modificar y/o eliminar conexiones neuronales que han dejado de ser funcionales en relación a sus objetivos de vida.

La ciencia ha demostrado que esto es posible y a denominado a este proceso neuroplasticidad; cuando las personas aprenden a liderar su mente, surge lo que se define como neuroplasticidad autodirigida.

A propósito de ello, Néstor Braidot, experto en neurociencias aplicadas, dice acerca de la neuroplasticidad autodirigida: “Durante la niñez, es imposible que algunos factores sean controlados, caso de los ambientales, pero en la vida adulta cada uno de nosotros puede modelar su cerebro eligiendo el tipo de información que procesa y, paralelamente, la clase de pensamiento que cotidianamente emplaza en su mente. Somos lo que pensamos”.

Si bien todo lo dicho es sólo un pequeño preámbulo con respecto a todos los aportes que han surgido de la neurociencia, la idea es destacar la importancia que tienen estos conocimientos dentro de cualquier proceso de coaching. Ese es el espíritu a través del cual Isabel Sousa y David Gómez han diseñado el curso Neurociencia para coaches.

El objetivo de esta formación es facilitar a los coaches herramientas y conocimientos en esta materia a través de un lenguaje cercano y práctico, que les permita asimilar rápidamente complejas ideas científicas. Además, facilitarles el conocimiento y la incorporación de diferentes herramientas de probada efectividad, para que puedan conseguir cambios en sus sesiones más rápida y eficiente.

Conseguirán, entre otras cosas:
  • Comprender las principales estructuras y sistemas del cerebro que intervienen en los procesos de coaching.
  • Entender cómo funciona y cómo gestionar el cambio en el cerebro.
  • Adquirir herramientas prácticas basadas en esta disciplina.
  • Convertirse en neurocoach, experto en entrenar al cerebro del cliente para el cambio.
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