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Hacerse mayor es inevitable,
crecer es opcional.

Decidiendo en femenino. Expectativa Vs Realidad.

Según los economistas de la felicidad, los niveles de satisfacción en la vida van declinando con el paso del tiempo, alcanzando su pico más bajo entre los 40 y los 50, para luego repuntar, emulando la forma de la letra “U”. Ahora bien, así como mencionan una crisis inevitable en la mitad de la vida, también mencionan que ésa es la antesala de una felicidad posterior.

Sin embargo, mas allá de creer en esa perspectiva, Cuca Vinaixa, nuestra coach especialista en este tema, prefiere reemplazar la palabra “crisis” por la palabra “transición” de la edad madura, y por bastante más que una mera cuestión semántica que iremos explicando a lo largo del artículo.

Veamos. Muchas mujeres entramos en conflicto con nosotras mismas cuando alcanzamos la edad madura porque supone, entre otras cosas, dejar atrás la juventud y sentirnos envejecer. Pero además del paso del tiempo, el conflicto pasa por la valoración de la Expectativa (lo que esperábamos) versus la Realidad (lo que es), en cada una de las facetas de nuestras vidas: como madres, esposas, profesionales, hijas, amigas, etc. Y allí es donde solemos ser duras con nosotras mismas, pues respondemos un poco a esa auto-exigencia de “tener que ser las mejores” en todo.

Esa manera de percibirnos y juzgarnos en esta transición, es la que muchas veces nos lleva a experimentar sentimientos de culpa, pues aunque hayamos construido una familia maravillosa, tengamos un trabajo soñado, gocemos de una buena salud y hayamos logrado un buen una buena situación económica, parece no ser suficiente para sentirnos plenas, felices y satisfechas con la vida.

¿Por qué nos sucede esto?

En primer lugar, porque solemos confundir términos como bienestar y felicidad, cuando se trata de conceptos muy distintos. El bienestar tiene que ver con un estado en el que sentimos que tenemos todo para estar bien y tranquilos; la felicidad, en cambio, va mucho más allá, implica un grado de satisfacción con la vida, está relacionada al momento presente y no tiene nada que ver con las posesiones, con “ser las mejores” o con tener el control de todo.

Ahora bien, en este artículo, y además avalados por los economistas de la felicidad y por la experiencia probada de nuestra coach experta, entendemos que en la transición de la edad madura se trata de redefinir nuestra identidad, capitalizando la experiencia y el conocimiento, para transcurrir el final de una etapa y comenzar una nueva.

En tal sentido, y retomando aquello de la expectativa y la realidad, se me ocurre contar una observación interesante con la que Cuca trabaja en sus sesiones de coaching para mujeres, y que describimos aquí muy brevemente. Jorge Bucay, en su libro El camino de la felicidad, establece una fórmula en la que señala que cuanto menor es la desdicha mayor es la felicidad. Por su parte, Dennis Pragger, autor de numerosos libros, entre ellos, En busca de la felicidad, establece otra fórmula por la que define que la desdicha es igual a las expectativas (imagen), menos la realidad.

¿Lo has repasado? Para nosotros, que no somos expertos en la materia y estamos viviendo esta transición, lo anterior puede sonar algo confuso; sin embargo, me animo a hacerlo mío por un momento y a “darle la vuelta”. Veamos; si la realidad no tiene nada que ver con nuestras expectativas, entonces nos sentimos (un poco, poco o muy) desdichadas. ¿Y qué decía Bucay acerca de esto? Que cuánta más desdicha sentimos, menos felicidad experimentamos.

Y entonces, ¿cómo seguimos?

Frente a esta desdicha, a esta sensación de desencanto y desilusión sólo hay dos soluciones:
  1. Abandonar las expectativas y disfrutar de la realidad.
  2. Preservar las expectativas y cambiar nuestra realidad.

Pero en cualquier caso, tenemos que aprender a disfrutar el camino…

Y para ello, la mejor manera de transitar esta transición es: asumirla; tener la valentía de enfrentarla y realizar balances realistas, con expectativas renovadas y acordes con la etapa actual. Una vez recorrido este camino, nos resultará mucho más natural encontrar proyectos que se consigan en el momento presente.

Es por todo lo que hemos venido exponiendo que, según Cuca, lo que habitualmente llamamos “crisis de la mediana edad” no sería más que una transición natural hacia un nuevo equilibrio, al que se llega por medio de la sabiduría y la experiencia que, evidente y afortunadamente, sólo los años son capaces de brindar.

Hacerse mayor es inevitable, crecer es opcional.

Decidiendo en femenino®, como proceso de acompañamiento individual, te propone:

Revisar…

  • Tus valores y fortalezas.
  • Tus miedos e incertidumbres.
  • Tus cuentas pendientes con la vida.
  • Tus creencias sobre la edad madura.

Y luego, poco a poco…

  • Aceptar los cambios en tu propio cuerpo y en tu vida en general.
  • Definir tu nuevo proyecto vital, aunque eso signifique cambiar el rumbo.
  • Conectar con tus sueños y emociones.
  • Seguir aprendiendo y nunca dejar de hacerlo.
  • Soltar todo lo que ya no te sirve y aferrarte a lo que te hace bien.
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