QUIERO MÁS INFORMACIÓN

Experto en liderazgo canino.

Es normal que cuando nuestro mejor amigo muestra un comportamiento inadecuado nos preguntemos el por qué de ese comportamiento, pero no reparemos en cómo se siente o en cómo pudimos haber influido -como líderes- en el desarrollo del mismo.

Observar al perro como un ser aislado no es una acción efectiva y me permito asegurar que nunca lo fue. Considerar que sus comportamientos están determinados o condicionados por la genética o por su historia previa a llegar a nosotros, es no reconocer que nosotros también jugamos un gran papel como ejemplo en la relación y convivencia con el. En cierta forma, es como enviar un niño o a un adolescente a terapia sin que el profesional considere la influencia de la familia y del entorno del cual es parte.

Los perros son parte de nuestra familia, pero, a diferencia de los humanos, no necesitan de una figura paterna y/o materna o de un hermanito; ellos necesitan un gran Líder, con todo lo que eso significa. Por ello, existe una nueva era de entrenadores de líderes caninos que además de trabajar con nuestros fieles compañeros de cuatro patas, lo hacen integrando en el entrenamiento a las personas.

José Antonio Mézlau, creador de la metodología ECOE -Entrenamiento de Contacto Emocional-, lleva más de una década reforzando esta teoría de trabajo conjunto y no llegó a ella de casualidad. A lo largo de su trayectoria, ha sido testigo y cómplice de perros con comportamientos inadecuados, cuyos líderes tenían una baja o nula gestión emocional.

¿Qué pasaría si sólo se trabaja atendiendo y corrigiendo el comportamiento del perro?

En definitiva, él volverá al mismo entorno y estará a cargo del mismo líder con falta de conocimiento y habilidades en la comunicación. En otras palabras, el trabajo con el animal habrá sido, cuanto menos, insostenible en el tiempo.

Necesitamos trabajar en la transformación personal. Por ello, el Entrenador de Liderazgo Canino (ELC) es algo parecido a un coach y su trabajo va dirigido a mejorar su comunicación, su inteligencia emocional, a motivarlos a la acción, a comprometerlos con sus objetivos y a enseñarles a influir positivamente en las personas y en los perros. 

Ahora bien, ¿la responsabilidad es toda nuestra? Sí, no y más o menos. Me encanta dar estas respuestas, así el ego se despista un poco y podemos seguir adelante. Efectivamente Sí somos responsables, porque nosotros somos sus líderes y como tales necesitamos darles estabilidad, equilibrio, juego y disciplina. No, porque en cierta forma, el hecho de no saber cómo gestionar nuestra emocionalidad no es algo que nos hayan enseñado desde pequeños; es algo que podemos aprender, pero corre por nuestra cuenta. Y más o menos, porque el ego siempre está ahí para actuar en nuestro lugar (y lo dejamos hacer).

Y en ese último punto me detengo, porque la diferencia entre nosotros y nuestros adorados amigos de cuatro patas, justamente, es el ego. Nosotros tenemos un sistema de pensamientos, producto de la influencia, de la educación, la sociedad, la cultura, la religión, etc. Y el ego es ese personaje que nos lleva con la mochila cargada de pasado y nos obliga a planificar un futuro de acuerdo a lo que se espera de nosotros o, mejor dicho, a lo que creemos que se espera de nosotros. El ego es el personaje que nos hemos creado para parecer, mucho más que para Ser.

En cambio, nuestro perro no tiene ego (y tampoco lo necesita). Vive el presente y, a diferencia del ser humano, no está conectado al pasado y al futuro constantemente. Ellos nos enseñan a disfrutar del aquí y ahora; fomentan los paseos, las risas; el silencio, las travesuras, el disfrute, la complicidad y la felicidad. Ellos nos llevan al presente, nos invitan a disfrutar de lo que está pasando ahora, liberándonos de tanta nostalgia por el pasado y de tanta ansiedad por el futuro.

Llegados aquí, es normal empezar a reforzar esa verdad irrefutable que señala que nuestros perros saben cuando estamos tristes o enfermos. No saben por qué, pero tampoco les interesa. Ellos simplemente nos acompañan y se acurrucan a nuestro lado sin más.

Y ahora entiendo también, cuando José Antonio habla de el perro como un espejo para mirarnos. Claro, si ellos son capaces de saber cuando estamos tristes, también son capaces de detectar cuando estamos estresados, impacientes, ansiosos o enfadados. Pero ¿y si nosotros mismos no lo sabemos o no somos conscientes de cómo ese estado emocional se expande a nuestro alrededor?

Si nos miramos en ellos, podremos encontrar cosas de nosotros mismos. Sabrán mostrarnos qué nos pasa y señalarnos cuál es nuestra energía. Por este motivo también, nuestras amigos pueden ayudarnos a rehabilitarnos emocionalmente y a alcanzar nuestro liderazgo personal. Una vez que tomamos conciencia de nuestras emociones y de cómo nos afectan en nuestra vida, podemos aprender a gestionarlas y a vivir con mayor plenitud.

De esta forma, y retomando un poco el inicio del artículo, necesitamos tomar consciencia de que podemos ser responsables de muchos de los “comportamientos inadecuados” de nuestros perros y entonces, sólo entonces, estaremos perfectamente encaminados hacia la solución. 

Por todo ello, el Entrenador de Liderazgo Canino es una especie de “puente” que conecta todas las partes que pudieron dar origen a un conflicto, para dar soluciones de raíz y que las personas se conviertan en líderes de su perro y de su vida.

Pero en este desafío, el entrenador canino debe tener el conocimiento, las herramientas y las técnicas que le faciliten cambiar y crear comportamientos e influenciar positivamente en todas las partes involucradas.

QUIERO MÁS INFORMACIÓN