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Gestión emocional para hablar en público.

Muchos de nosotros hablamos en público por primera vez en entornos educativos, con una exposición frente al aula y con el objetivo de conseguir una calificación. A partir de estas experiencias, muchos asociamos el hecho de hablar en público como una evaluación semejante por la cual seremos juzgados y recibiremos una calificación.

Tal vez por ello, tantas veces nos vemos imposibilitados de gestionar nuestra emocionalidad y se nos hace “cuesta arriba” hacer una presentación en público, negociar o realizar una entrevista importante. De alguna manera, el miedo de ser juzgados, criticados o de “no estar a la altura” de las expectativas que los otros tienen sobre nosotros, anula nuestra capacidad para hablar en público con naturalidad y fluidez y sin dejar de ser como somos.

En cierta forma, las situaciones donde necesitamos satisfacer una necesidad básica u obtener resultados tienden a generar un cierto estrés. El estrés es una reacción fisiológica del organismo en la cual se activan mecanismos de defensa para afrontar situaciones de amenaza o peligro y, en situaciones de verdadero peligro, es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia.

No obstante, cuando el peligro está basado en miedos irreales o irracionales, como los que nos invaden sistemáticamente a muchos de nosotros a la hora de hablar en público, se generan un cúmulo de emociones ligadas a la expresión del estrés que dificultan la fluidez y la naturalidad en el ejercicio discursivo. Veamos un poco más.

Como bien sabemos, la necesidad de reconocimiento es una necesidad humana básica. Cuando comunicamos, necesitamos ser reconocidos, escuchados y entendidos por nuestros interlocutores. En este tipo de situaciones, en las que esperamos obtener un resultado, aparece el temor a no obtener satisfacción e incluso a ser juzgados por el otro. Al percibir la situación como una amenaza, activamos las reacciones fisiológicas que acompañan el estrés y que influyen en nuestra expresión (el corazón late más fuerte y rápido, se acelera la respiración, la mente aumenta el estado de alerta, etc.).

El resultado de toda esa manifestación es que no somos tan eficientes como quisiéramos y nuestro mensaje pierde coherencia. Vivimos la situación como un peligro y la forma con la que transmitimos el contenido de nuestro discurso nos desorienta, la forma anula el fondo.

Aún así, está claro que todos sabemos comunicar de manera más o menos eficiente. Lo que sucede es que algunos insisten mucho más en “hacer un papel”, en imitar o en ser lo que no son, que en conectarse con sus propios recursos personales para expresarse adecuadamente. En este sentido, el famoso escritor norteamericano Dale Carnegie decía: “Ponte a ti mismo en tu discurso”. Y de esa forma, sin agregar o quitar palabras, esa conclusión es el eje de trabajo de nuestra especialista en oratoria, Marina Oroza. 

Efectivamente, hay un ritmo, un estilo, un sello personal para cada uno que va más allá de un instructivo o de un manual y está demostrado que la forma más efectiva de trasmitir un mensaje y conectarse emocionalmente con el auditorio es a través de ser uno mismo, con la naturalidad y la espontaneidad que ello supone.

Y en este proceso de ser uno mismo y de crear el estilo propio, el trabajo fundamental que hay que llevar adelante es hacernos conscientes de todos esos miedos paralizantes y limitantes que se presentan habitualmente ante la situación de hablar en público.

Una gestión emocional efectiva está íntimamente relacionada con el autoconocimiento.

Si podemos reconocer nuestros estresores, entonces podemos aprender a gestionarlos adecuadamente.

Si nos lo proponemos, todos podemos comunicar con naturalidad y fluidez. La comunicación no es una virtud de unos pocos. Con un entrenamiento adecuado, todos podemos llegar a ser excelentes comunicadores y vencer por completo el miedo a hablar en público.

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