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La importancia del
reconocimiento positivo.

Como hemos visto en artículos anteriores, el análisis transaccional de Eric Berne, además de ser una teoría de la personalidad, es una teoría de la comunicación que permite comprender y mejorar sustancialmente la calidad de las relaciones interpersonales.

Si repasamos un poco, estos modos de expresión de la personalidad o estados del Yo se resumen en Padre, Adulto y Niño. Esto significa que durante un periodo de tiempo, podemos sentir, creer y actuar según éstos 3 modos: es decir, primero como alguien muy influyente en nuestra infancia: Padre; segundo como alguien en coherencia con su contexto: Adulto; y tercero como alguien impulsivo y espontáneo: Niño. Desde estas perspectivas, establecemos todas y cada una de nuestras relaciones.

Dentro de esas relaciones, también se desprende la teoría que explica cómo a partir de los tipos de caricias (reconocimiento), mandatos, prohibiciones y permisos que recibimos desde etapas muy tempranas de nuestra vida, vamos tomando decisiones sobre quiénes somos y cómo debemos ser, adoptando determinadas posiciones o percepciones sobre nosotros mismos, sobre otras personas y sobre la vida.

Y según lo expuesto, vamos elaborando y viviendo nuestro guión de vida. El problema es que muchas veces desarrollamos un “mito” sobre nosotros mismos, basado en mensajes falsos y caricias negativas (reconocimiento negativo) que nos llevan a vivir guiones destructivos y que sostenemos mediante relaciones interpersonales nocivas o, cuanto menos, poco sanas. Todo ello nos lleva a actuar de una manera determinada y a creer que no podemos salirnos de ese guión.

Sin embargo, la aplicación del análisis transaccional nos proporciona la oportunidad de que podamos descubrir en las relaciones en las que participamos, qué tipo de caricias esperamos obtener mediante las relaciones y porqué; finalmente, nos da la oportunidad de tomar conciencia del tipo de guión de vida que estamos viviendo. Pero veamos un poco más de qué se trata la teoría de las caricias.

La teoría de les caricias y los efectos emocionales del reconocimiento positivo.

Antes de comenzar, y a modo de reflexión, Marta Albaladejo nos propone algunos interrogantes:

  • ¿Qué cosas haces a las personas que quieres?
  • ¿Qué cosas dices a las personas que quieres?
  • ¿Qué cosas te haces a ti mismo/a porque te quieres y qué cosas te haces porque no te quieres lo suficiente?
  • ¿En cuáles de las cosas que te dices a ti mismo/a se nota que te quieres y en qué otras se nota que no te quieres lo suficiente?

Veamos. Todos necesitamos reconocimiento de los demás. Una caricia es una unidad mínima de reconocimiento social y puede ser positivo o negativo; es decir, puede tratarse de caricias positivas o caricias negativas. De hecho, la imagen que cada uno de nosotros tiene de sí mismo es el resultado del reconocimiento que ha recibido en el pasado. Es algo así como el saldo entre las caricias positivas y las caricias negativas.

Detallemos el tipo de caricias de las que hablamos:

  • Caricias positivas: son aquellas que nos hacen sentir bien, nos dan sensación de bienestar y aumentan nuestra autoestima. Influyen considerablemente en la incentivación general del comportamiento.
  • Caricias negativas: son aquellas que nos hacen sentir mal causándonos dolor, daño psicológico o físico y disminuyen nuestra autoestima.
  • Caricias incondicionales positivas: van dirigidas a la esencia de las personas. Proporcionan seguridad y vigor en relación a la salud emocional de las personas. Su utilización es válida y oportuna en cualquier marco social.
  • Caricias condicionales positivas: se dan como un “premio” a una conducta o un esfuerzo. Son necesarias como instrumento para favorecer el aprendizaje, el asentamiento de valores y, en general, todo el proceso de socialización.

Lo curioso es que tendemos a darnos a nosotros mismos el mismo tipo de reconocimiento que nos han dado los demás en el pasado y, a su vez, tendemos a dar a los demás el mismo tipo de reconocimiento que nos han dado en el pasado. Sin embargo, podemos transformar el tipo de caricias que nos damos, que recibimos, que pedimos y que rechazamos.

En tal sentido, la ley de la abundancia de caricias señala cuáles son aquellas que nos permitirán sentirnos bien y tener un desarrollo social sano:
  • Da abundantes caricias positivas cuando corresponda.
  • Acepta las caricias positivas que mereces.
  • Pide las caricias positivas que necesitas.
  • Date caricias positivas a ti mismo.
  • No aceptes caricias negativas destructoras.

La cantidad de caricias necesarias para cada uno variará según el desarrollo y las características psicológicas; pero de cualquier manera, podemos aprender a buscar formas más sanas de dar y obtener caricias, lo cual nos permitirá mejorar nuestras relaciones interpersonales y dejar guiones de vida predeterminados, basados más en el “mito” creado sobre nosotros mismos, que en nuestro verdadero yo.

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