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Recuperar nuestra identidad universal.

“No hay dicha más grande en la vida que este reencuentro con nuestra naturaleza, libres de lo mecánico y artificial de nuestra personalidad. Cuando esto ocurre, nuestros vínculos florecen en autenticidad y profunda entrega”. Así lo afirma Daniel Taroppio, creador del Modelo de Interacciones Primordiales y de la Danza Primal®.

Este Modelo de Interacciones Primordiales, cuyos métodos de aplicación son el coaching primordial y la psicoterapia primordial, es un modelo de desarrollo humano que concibe la crisis de nuestra civilización como resultado de la pérdida de las raíces universales y que procura devolver al ser humano su sentido de pertenencia al universo.

Para abarcar todos los ámbitos de la experiencia humana combina tres tipos de prácticas: la Danza Primal®: para la dimensión corporal-emocional-energética; la Comunicación Primordial: para la dimensión lingüístico-cognitiva y la Meditación Orgánica como práctica contemplativa.

Necesitamos recuperar la identidad universal, nuestros orígenes, nuestra naturaleza, nuestra identidad cósmica: es decir el vínculo primordial*.

Ahora bien, ¿qué es el vínculo primordial? ¿Cuándo se rompe? ¿Por qué es importante recuperarlo?

El Vínculo Primordial es la conexión con la totalidad del universo, es el sentirnos que como seres humanos somos una configuración más del flujo primal que es y contiene el universo.

Y a su vez existe lo que se llama una herida básica que es producida por la ruptura de nuestra conexión con la totalidad, la que se encarna físicamente en el nacimiento y la pérdida del vínculo materno original, que es en realidad una metáfora de una pérdida mucho mayor y más profunda. Esta pérdida no resuelta genera el desarrollo de dos estados básicos de la mente: el estado de pérdida y el estado compensatorio.

El estado de pérdida consiste en la profunda experiencia de vacío, temor, soledad, incertidumbre y sinsentido que aparece cuando el contacto vital con el universo se pierde. Este estado de alienación, de desarraigo, es tan profundo y doloroso que la mayor parte de nuestras vidas consiste en un esfuerzo sistemático para evitarlo a toda costa. Es el núcleo central de todas las formas de patología. Cuando se manifiesta atravesando las defensas que hemos construido para ocultarlo (lo que suele ocurrir en períodos de crisis o grandes pérdidas) la vida se torna extremadamente penosa, oscura y carente de todo significado.

El estado compensatorio (reactivo o defensivo), está conformado por todas las estructuras de la personalidad que procuran evitar el contacto con la pérdida esencial. El estado reactivo es la obra del ego disfuncional y se caracteriza por un comportamiento rígido, defensivo, limitante y profundamente empobrecedor; algo que podría definirse como “dime de que presumes y te diré de lo que careces”. Es el intento permanente y agotador de ocultar los sentimientos básicos de desolación mediante compensaciones que procuran hacernos aparecer (ante nosotros y ante los demás) como lo opuesto de lo que en realidad tememos ser.

En la mayoría de los casos nos relacionamos con el mundo y con nosotros mismos desde estos estados, es decir desde la carencia, esperando que el otro nos complete, siendo dependientes y demandantes; o desde la compensación, ocultando ante el otro nuestra necesidad apremiante y mostrándonos desinteresados y distantes. Obviamente, en cualquiera de los casos, el amor no puede florecer.

El Modelo de Interacciones Primordiales procura reintegrarnos como seres humanos con el flujo primordial del cosmos, lo que implica recuperar el libre fluir de la energía única y universal dentro de nosotros y en nuestros vínculos.

Este proceso de regreso a nuestra naturaleza original, a la espontaneidad y la frescura, implica la dificultosa tarea de observar y sanar todas las manifestaciones de nuestro estado reactivo (manipulaciones), para llegar a la mucho más difícil tarea de contemplar, abrazar y sanar nuestro estado de pérdida. Sólo así podemos sanar nuestra herida básica y renacer en el indescriptible gozo de nuestra identidad original.

El Flujo Primordial recorre nuestro sistema psicofísico, estimulándonos bajo el aspecto de impulsos, emociones y sentimientos que pulsan por expresarse en las capacidades básicas de la persona plenamente viva.

Daniel Taroppio nos señala además: “el trabajo vivencial de la psicología transpersonal nos lleva a estados de consciencia en los que realmente somos uno con la totalidad de la vida. Una persona que accede a estos estados no necesita cursos de ética y/o moral. Una persona así, sana su división esencial, encarna el bien y lo expresa espontáneamente en su vida”.

En tal sentido, los diferentes programas de formación internacional que propone la Escuela de Psicología Transpersonal-Integral (EPTI) brindan una sólida y completa instrucción académica que comprende una profunda experiencia teórica, vivencial y práctica para formar agentes de crecimiento y cambio personal, institucional y social en los diferentes ámbitos del ser humano.

(*) Taroppio, Daniel. 2007. “El Vinculo Primordial. Un camino hacia el corazón de la Evolución Cósmica, el Desarrollo Personal y las Relaciones Humanas”. Ediciones Continente.

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