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¿Es lo que es o es lo que crees que es?

Frank Ramsey, dice que las creencias vienen a ser como un mapa grabado en el sistema (en el ADN o en determinados aprendizajes) que nos guían nos orientan en el mundo para satisfacer nuestras necesidades.

Sin embargo, esos mapas mentales no dicen “lo que son las cosas”, sino que muestran formas de conducta adecuadas a la satisfacción de las propias necesidades; es como un modelo basado en la fe o en la experiencia creado por nuestra mente.

Efectivamente, la creencia es la expresión racional que la persona tiene según su punto de vista sobre lo que siente que debe ser.  Esa “es su verdad”, aunque no haya prueba de que eso exista o sea cierta (por ejemplo la fe de las personas religiosas, espirituales o ideológicas). Es una afirmación personal que consideramos verdadera, segura y evidente; que consideramos “una certeza”.

Cuando una creencia se instala en nosotros de una forma sólida y consistente, nuestra mente no tiene en cuenta las experiencias que no encajan con ella y es cuando se convierte en una certeza para nosotros. La certeza es el firme conocimiento de lo que para la persona es verdadero y lo que no, lo correcto y lo que no y no admite cuestionamientos. Cuando las creencias son generalizadas, establecen lo que llama dogma y definen así la necesidad de poder pertenecer o no a un grupo que identifica a ese tipo de creencias.

De una forma u otra, lo cierto es que todos tenemos certezas o creencias limitantes y potenciadoras que crean nuestra realidad, aunque muchas de ellas son inconscientes y afectan a la percepción que tenemos de nosotros mismos, de los demás y de las cosas o situaciones que nos rodean. Todas ellas son dueñas de nuestros logros y tropiezos y siempre actúan a modo de autoboicot o impulso sin que nosotros tengamos conciencia de ello.

Esto quiere decir que si bien nuestra mente trabaja orientada hacia objetivos, relaciona toda la información que recibe buscando confirmar aprendizajes anteriores y/o haciendo todo lo posible por convertirlos en realidad. Esto es lo que se llama la profecía auto-cumplida. Por ejemplo, ¿conoces alguna persona que atribuya todo a su mala suerte? Es curioso, pero en verdad de eso se trata crear realidad: si esa persona cree que puede ir mal, irá mal; si confía en que la suerte es para los demás, lo será; si cree que ha llegado a su techo, allí se quedará.

Lo cierto es que de esa manera ocurren dos eventos simultáneos: nuestra mente busca confirmar sus creencias y nosotros la dejamos hacer sin cuestionamientos. Al final, cuestionarla supondría salir de la zona de confort y plantearnos una realidad de infinitas posibilidades, pero inciertas.

Tanto la certeza como la creencia son importantes para el conocimiento debido a que ambas actúan como filtros de la perspectiva propia de la realidad y nos ayudan a darle sentido a lo que es verdadero para nosotros. Pero ¿qué sucede si la creencia es limitante? ¿qué ocurre si en vez de abrirnos camino y multiplicarnos posibilidades nos mantiene paralizados y convencidos de que la realidad “es lo que hay” y que no podemos elegir?

Siempre es posible identificar y modificar una creencia o certeza limitante y transformarla en positiva y potenciadora.

En tal sentido, desde el Coaching Resolutivo, cuando se detecta en las personas o ellas mismas aportan que hay algo que les limita o les bloquea, lo que se hace es un ejercicio previo de cuestionar esa creencia o certeza limitante para ir transformándola hasta llegar a cambiarla por una que sea potenciadora.

Existen una cantidad de ejercicios para ello. Sin embargo, el primer paso es estar dispuestos a ponerles nombre y apellido; a reconocerlas para poder trabajar sobre ellas. El objetivo de los ejercicios es lograr que cualquier creencia limitadora se vuelva lo más parecida posible a una creencia potenciadora y que emerjan los propios recursos para lograrla.

Algunas preguntas, a modo de ejemplo, serían:

  • ¿Quién te transmitió esa creencia que se ha convertido en una certeza para ti?
  • ¿Cómo sabes a ciencia cierta que es así?
  • ¿Y si la cambiases por una creencia positiva?
  • ¿Qué pasaría si ya no la tuvieras?

Para terminar, cito las palabras de David Fischman, famoso escritor y consultor internacional, que afirmaba: “Cuestionar nuestras más arraigadas creencias requiere de mucho coraje porque implica aceptar que hemos podido estar equivocados toda la vida.

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