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tu guión de vida.

Coaching Sistémico Transaccional.

Decía Eric Berne: “El guión de vida es una manera de estructurar el tiempo entre el primer “Hola” en el pecho de la madre y el último “Adiós” en la sepultura”.

Decía también: “Este tiempo de la vida se vacía y se llena no haciendo y haciendo; no haciendo nunca, haciendo siempre, no haciendo antes de, haciendo una y otra vez y haciendo hasta que no queda nada por hacer”.

Todos seguimos en nuestra vida un guión secreto, un libreto y cada uno de nosotros lo construye a partir de mandatos (mensajes restrictivos o peligrosos, no verbales) o permisos (mensajes positivos, verbales y no verbales), recibidos inconscientemente antes de aprender a hablar.

Ahora bien, esto no significa que todo está escrito y que no hay nada que podamos hacer para intervenir y modificarlo. El guión no es determinante. Podemos ser conscientes de él y cambiarlo.

Veamos la historia de Carmen.

Los padres de Carmen le enviaban el mandato: “Ten cuidado”. Carmen decidió cuando era niña, que no se arriesgaría: ahora tiene miedo de conseguir las cosas que desea y pasa su vida atormentada.

Carmen está tan convencida de que sus intentos para conseguir aquello que quiere son tan en vano que ya casi ni lo intenta. Se ha anclado en la inacción y la excusa es su barricada. Si no arriesga, no pierde; si no camina, no tropieza; si no arriesga, no logra nada. No le gusta cómo la tratan en su trabajo, pero ahí sigue, convencida de que no hay nada mejor para ella. No está del todo cómoda en su relación, pero elige callar para evitar el conflicto. Hay cosas que ella que no quiere cambiar porque decide que no vale la pena esforzarse y porque además, siempre fracasa.

Carmen siente que no logra cosas y siempre deja finales abiertos; nunca acaba nada. Si intenta cumplir con el mandato de su familia, tiene tanto cuidado, que no se arriesga a nada; si en cambio huye del mandato, siente que a pesar de sus intentos algo saldrá mal o que siempre se pierde las mejores opciones, con lo cual sufre mucha angustia. Carmen necesita decidir desde el presente algo diferente a lo que decidió cuando era niña.

Como ella, muchas personas se encuentran en muchos momentos de la vida adulta resignadas a lo que parece ser un patrón recurrente a lo largo de su ciclo vital. No saben de dónde viene, por qué ocurre o cómo y tampoco saben cómo revertirlo. Es difícil creer que algo ocurrido durante la primera infancia pueda ser tan categórico en la vida adulta, pero así es.

El análisis transaccional, en tal sentido, señala que nuestra vida fluctúa entre momentos de presencia total con otros donde nuestra mente piensa, siente y actúa según patrones del pasado. Cuando un detalle del presente nos devuelve inconscientemente al pasado, revivimos la emoción adoptada de entonces y esa regresión a la infancia nos impide responder adecuadamente al presente.

Si retomamos el ejemplo de Carmen, vemos que cada vez que se encuentra frente a lo que desea, aparecen los sentimientos, pensamientos y actitudes de su Niña y adopta un estado de sumisión, de víctima, de no intentar, de convencerse de que ese deseo no es para ella. Por ello, Carmen necesita incorporar permisos nuevos para reescribir su guión de vida.

Trabajo con metáforas. “Constelaciones”.

Bert Hellinger desarrolló el trabajo de las constelaciones familiares, un método para descubrir los enredos inconscientes y reordenarlos para que los vínculos puedan sanarse. Para él, muchos comportamientos y sentimientos no se explican a través de la situación actual de una persona, sino que se remontan a sucesos en su familia de origen, a vivencias de sus padres o sus antepasados aún más lejanos.

En un taller de constelaciones familiares, al empezar la constelación, el profesional tiene una charla con el cliente para identificar cuál es el deseo de la persona y cuáles son los elementos relevantes que intervienen en la historia. Luego, se escogen unos “representantes” o actores, personas que escenifican la historia. A partir de la representación de la situación, la persona que ha expuesto su caso interpreta el lenguaje no verbal, a veces con ayuda de la persona que facilita el taller, y extrae conclusiones para su vida. La situación se modifica en las siguientes semanas.

Hay otras dos formas de constelación posibles, si no tenemos un grupo para hacer un taller:

1.“Constelar” con anclajes:

Se trabaja con hojas de papel o cojines y se sitúan en un sitio específico, en el suelo. En esta forma de “constelar”, el cliente se sitúa sobre cada papel o cojín y percibe las sensaciones físicas asociadas a ese lugar. También puede utilizarse una hoja adicional para promover la “condición de testigo”.

2.“Constelar” con objetos:

Se trabaja simbólicamente con muñecos, vasos u otros objetos que se sitúan en un espacio delimitado (campo) y representan los diferentes elementos y personas implicados en el/los temas. Esta herramienta es especialmente útil cuando se trata de problemas relacionales y cuando se trata de personas visuales, cinéticas o con pocos recursos verbales.

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