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Atraes lo que piensas
y lo que eres.

El equilibrio entre la vida material y la vida espiritual.

Según el monje budista Geshe Michael Roach, autor de El tallador de diamantes, “siempre que generemos dinero, paralelamente debemos cultivar un buen estado de salud física y espiritual”.

De eso se trata la prosperidad, del equilibrio entre la vida material y la vida espiritual. Ambas tienen que convivir. Anular o negar una de ellas y/o intentar separarla de la otra sería un acto de extrema necedad. Necesitamos Ser y Tener.

Muchos tienen la idea de que estarán preparados para una vida espiritual cuando sean capaces de quitarse de encima sus problemas materiales (como si los problemas o las preocupaciones alguna vez fueran a acabar). No obstante, no hay más equívoco que creer que un tipo de vida es excluyente de la otra.

Claramente, la prosperidad no es sólo dinero o riqueza económica; también está relacionada con una riqueza espiritual, con aspectos invaluables como la salud, la amistad, el amor, la generosidad y la libertad. Con esto quiero decir que el dinero es un medio y no un fin en sí mismo. De hecho ¿si no tienes salud para disfrutarlo ¿de qué vale? Si no tienes amigos o un amor para compartirlo ¿cuál es el goce?.

La prosperidad concentrada en el afán de la acumulación es historia vieja. Poseer no es sinónimo de felicidad. Eso de “¡No se puede creer que aún teniéndolo todo no pueda ser feliz!” o “¿Cómo es posible que sea feliz teniendo tan poco?” ya ni siquiera representan la mirada del más escéptico de los hombres. Hoy está más que comprobado que no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita.

Efectivamente, hay muchas cosas que son asequibles con dinero; y otras que no tienen un valor económico y se consiguen a través de cultivar valores inmateriales. Veamos, por ejemplo, lo que el dinero puede y no puede comprar…

  • Una enorme y cómoda cama, pero no el sueño.
  • Los libros, pero no la inteligencia.
  • Una vivienda, pero no un hogar.
  • Muchas medicinas, pero no la salud.
  • Cantidad de diversión, pero no la felicidad.
  • La convivencia, pero no el amor.
Establecer esta buena convivencia entre el mundo espiritual y el mundo material nos hace más realistas.

Como hemos mencionado, alguien que sólo se maneja en lo material podrá hacer dinero, pero le faltarán aspectos como corazón, alma, propósito y amor en sus creaciones; tendrá dinero, pero no necesariamente se sentirá feliz.

Por el contrario, una persona que se maneja solo a nivel espiritual, pensando que lo material no tiene importancia, entonces podrá manifestarse con mucho amor y propósito, pero muchas de sus buenas intenciones quedarán sin materializarse por no tener los recursos económicos para ello; mucho de su misión quedará inconcluso.

Debemos entender que nuestra vida es un reflejo de lo que pensamos.

  • Si pensamos que el dinero es papel, lo gastaremos como tal.
  • Si pensamos que el éxito es sólo para los demás, así será.
  • Si pensamos que para conseguir una vida espiritual plena debemos estar la mitad del día meditando, terminaremos convirtiéndonos en monjes budistas.
  • Si creemos que la única forma de conseguir cosas en la vida es a través del reconocimiento de los demás, así viviremos pendientes de la aprobación de los otros.
Por ello, para cambiar cualquier aspecto de nuestra vida, debemos empezar por cambiar nuestros pensamientos.

Así lo dice también una de las Leyes Universales más poderosas que existen: la Ley de Atracción. Esta ley universal es la responsable de todo lo que hacemos, pensamos, decimos y sentimos y, aunque resulte increíble, nada ocurre sin que nosotros lo hayamos atraído a nuestra vida. Somos como imanes de personas y situaciones que están en armonía con nuestros pensamientos y emociones.

Por ejemplo, cuando estamos felices emitimos energía positiva y atraemos personas, ideas y circunstancias que reflejan, multiplican y potencian ese estado. Cuando estamos de mal humor y emitimos energía negativa, las personas y las situaciones parecen operar para alimentar ese estado y cuando creemos que las cosas pueden salir mal, salen peor.

Necesitamos atraer prosperidad y, en tal sentido, necesitamos cambiar los paradigmas que dificultan ese camino personal para llegar a ella. Al efecto, Montse Baró nos ayuda a explorar nuestra relación con el dinero, con la abundancia y nuestro vínculo con la riqueza espiritual. Nos permitirá tomar conciencia de nuestros pensamientos, creencias y emociones para que aprendamos a alinear y complementar todos los aspectos que nos conducen a Ser y Tener.

“Todo lo que tienes en tu vida lo has atraído por la forma en que piensas y la persona que eres. Puedes cambiar tu vida porque puedes cambiar tu forma de pensar y la persona que eres”. Brian Tracy

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