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Felicidad y resiliencia
¿o al revés?

El tesoro más codiciado de nuestros tiempos es atesorar felicidad; un concepto abstracto, subjetivo y difícil de definir, pero que está en boca de todos. De hecho, a través de los medios, la web, anuncios y/o libros, nos prometen las claves para convertirnos en personas más felices.

Sin embargo, parece no ser tan simple. La vida diaria está salpicada pequeños y grandes obstáculos que tenemos que aprender a sobrellevar o superar. Ninguno de nosotros llega a este mundo con las instrucciones sobre la perfecta existencia o con las pautas preestablecidas para afrontar cada problema, cada crisis y cada dificultad.

Llegamos a este mundo y empezamos a construir con lo que sabemos y con lo que vamos aprendiendo. Aprendemos a convivir en sociedad, a construir valores, a respetar normas, a rodearnos de amigos, a formar familias, a criar hijos, a acumular cosas, etc. Tenemos voluntad de elegir y una aparente sensación de libertad. No obstante, aunque conseguimos ser felices por momentos, no logramos una felicidad genuina y sostenida en el tiempo.

Como personas en crecimiento que somos, siempre vale la pena aprender de todas aquellas herramientas que pueden ofrecernos mecanismos de mejora. En tal sentido, la resiliencia es una de las características que tiene una estrecha vinculación con la felicidad. Veamos un poco más.

La resiliencia para la felicidad.

La resiliencia es la capacidad del ser humano para afrontar una situación adversa y salir fortalecido, mantenerse en pie de lucha, con dosis de perseverancia, tenacidad, actitud positiva y emprender acciones que permitan avanzar, capitalizar el aprendizaje y superarse. Al salir fortalecida, la persona resiliente es más feliz y cuenta con herramientas que le facilitan permanecer en ese estado y cuidarlo.

Este sistema inmunitario anímico evita que situaciones amenazantes deterioren nuestro funcionamiento biopsicosocial. Nos hace socialmente más felices y es una herramienta clave para la prevención de enfermedades que afectan al ánimo, tan comunes en las sociedades actuales.

La búsqueda de este desarrollo pasa por ponerse en situación y asumir de manera consciente la necesidad de tomar las riendas, de decidir emprender este camino. Para que este camino termine en la cima y sea exitoso, es necesario prepararse. Como cuando vamos a subir una montaña y nos calzamos las botas y cargamos las mochilas con lo necesario para hacer que el camino sea menos arduo y más llevadero.

¿Qué disposición es necesaria para ser alguien resiliente y por tanto feliz “a pesar de”?  

Tener objetivos futuros. Esperar que las soluciones perfectas a nuestros problemas caigan del cielo, no es más que fantasía. Tomar decisiones basadas en objetivos y orientadas a metas, es la manera de provocar y hacer que las cosas pasen. Necesitamos “hacernos cargo” y ser dueños de nuestras decisiones y no dejar nuestra existencia y porvenir en manos de nada ni de nadie.

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