El valor de la buena comunicación.

Las palabras sólo representan un 7% del impacto en la comunicación; el 38% corresponde al tono de voz, y el 55% lo determina el lenguaje corporal, la postura, los gestos, el ritmo respiratorio y el contacto visual. Esto significa que aún en absoluto silencio, estamos comunicando.

Todos nos comunicamos, todo el tiempo. De hecho, es la modalidad a través de la cual intervenimos en la realidad personal y profesional de la que somos parte. Sin embargo, la “trayectoria” en esta materia lejos de convertirnos en expertos, nos llena de vicios y fallidos de los que muy pocas veces somos realmente conscientes.

Si nos centramos puntualmente en aquellos directivos, líderes de gestión o responsables de departamento que tienen equipos a cargo, entonces el valor de la comunicación eficaz se vuelve incalculable. Esto lo tienen claro los departamentos de RRHH, directivos y dueños de Pymes, que tantas veces padecen los malestares y/o conflictos en muchas de sus áreas, producto de una comunicación inadecuada.

Malestares y conflictos que devienen -sin excepción- en la disminución del rendimiento y de la productividad.

Nadie quiere eso.

Ciertamente, los paradigmas laborales han ido cambiando a través de dinámicas que fomentan la participación activa, la colaboración responsable y la comunicación asertiva; por ello, una de las competencias más relevantes de los líderes ejemplares es la habilidad para comunicarse con los demás.

Aunque volvemos a mencionar que, comunicar, no es únicamente hablar; es lograr la coherencia entre qué decimos y cómo lo decimos.

Vale la aclaración anterior, porque muchos creen -erróneamente-, que una buena fluidez oral lo es TODO. Y nada más lejos. El cuerpo -a través de la gestualidad, de la postura y/o de la respiración-, también habla y puede decir tanto como para dejarnos en evidencia en cualquier circunstancia que resulte contradictoria.

La contradicción es nuestro peor aliado profesional.

Es la aliada, en cambio, de los malos entendidos, de las interpretaciones equívocas, de los populares “radio patio”, e incluso, de la pérdida de confianza y respeto. ¿A qué nos referimos?

Veamos; imaginemos algunas situaciones críticas que todo líder o responsable tiene que afrontar con cierta frecuencia y con su equipo:

• Reuniones de equipo para revisar responsabilidades, tareas, tiempos de ejecución, etc.
• Situaciones de despido, ajustes de personal, reasignación de puestos, desempeño.

Ahora bien, una comunicación con ciertas incoherencias en esas situaciones críticas puede acarrear costes muy altos: desde incumplir los plazos comprometidos de un proyecto clave para la empresa, hasta desestabilizar los lazos de confianza y respeto del equipo. Y entre ellas, todos los grises posibles.

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¿A qué le llamamos incoherencias?

Problemas de lenguaje. El lenguaje es fuente de buenos o malos entendidos; motivo por el cual, es necesario que un líder aprenda a utilizar las palabras correctas y facilitar el entendimiento.

Desconexión. No es nada agradable mantener un diálogo con alguien que, mientras hablamos, por ejemplo, espía su teléfono móvil o no es capaz de mantener un contacto visual.

No saber escuchar. Esto es bastante propio de quienes se posicionan como “dueños de la verdad absoluta” y no contemplan que el/los otro/s puedan tener buenas ideas o sugerencias.

Exceso/escasez de información. Cuando un jefe dice poco o mucho, es probable que nadie sea capaz de entender la esencia del mensaje o de distinguir lo importante de lo secundario.

Falta de tiempo para reuniones con el equipo de seguimiento y retroalimentación.

Los preconceptos sobre “los otros”. Ocurre cuando anticipamos nuestro desinterés porque la idea surge de un miembro del equipo al que, en general, no se le ocurre nada interesante.

Emociones. Eso que se nota, aún sin ponerle intención. Por ejemplo, levantar el tono cuando las cosas no van por donde queremos que vayan; gesticular excesivamente, de manera tal que la atención se centre más en ello que en el discurso, etc.

comunicación Comunicación Asertiva: Preguntar. Conectar. Involucrar. comunicación

Comunicar: Preguntar. Conectar. Involucrar.

La comunicación no conflictiva favorece la cohesión, la confianza, la colaboración y el respeto. Por ello, en puestos clave del la gestión empresarial y en entornos competitivos y de alto rendimiento, es fundamental mejorar esta competencia. Así nos lo asevera Paco León Lerma, director de LionShip, quien ha diseñado un curso de Comunicación Efectiva combinando las bases teóricas de la comunicación, con distintas dinámicas grupales y experienciales para consolidar los conocimientos.

Tras estas jornadas, líderes y responsables lograrán, entre otras cosas:
  • Adquirir las competencias para comunicar y transmitir lo que se quiere decir.
  • Desarrollar habilidades para mejorar la escucha activa.
  • Experimentar las diferencias entre el lenguaje verbal y no verbal.
  • Aprender a utilizar preguntas abiertas.
  • Identificar qué aspectos están provocando la comunicación conflictiva.
  • Resolver sentimientos de culpa y comunicar con asertividad y empatía.
  • Aprender a dar feedbacks constructivos.

Después de todo lo dicho, también es prudente mencionar que son raras las ocasiones en las que alguien, en primera persona, asume sus defectos comunicacionales. Por ello, es fundamental que la gestión de RRHH, directores y o dueños de empresas articulen los medios necesarios, con la finalidad de mejorar esta habilidad en los puestos que son clave para el óptimo desarrollo organizacional.