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Inteligencia Financiera
para pequeños empresarios.

Es posible que hoy la supervivencia como empresario cobre verdadero sentido para ti. Nadie podría haberte anticipado hace unos años, que a tu pequeño proyecto empresarial le esperarían tantos contratiempos y adversidades. Sin embargo, aquí estás, con la misma voluntad, esfuerzo e intención que el día que comenzabas.

Por supuesto, no sólo con la satisfacción de sobrevivir, sino con el gran mérito de permanecer.

Aunque mucho has tenido que aprender. Has aprendido que el método “prueba y error” es muy malo cuando sale mal; que el optimista y el pesimista pueden ser igual de malos consejeros; que obsesionarte o ignorar la competencia nunca es la mejor opción; que si te guías por la mayoría o por la minoría, en general, terminas tomando decisiones tibias; o que si arriesgas mucho o poco, en cualquier caso te reprocharás (por lo bajo) no haber sido un poco más osado o menos austero.

Y hay un denominador común en cada cosa aprendida: el azar. Sólo hoy, con todo el camino recorrido y la experiencia acumulada, sabes que en muchas ocasiones te has rendido a tu suerte porque no tenías más herramientas en las que confiar y, aunque ciertamente tan mal no te ha ido, sabes en el fondo (o no tan en el fondo), que podría haberte ido muchísimo mejor.

Básicamente porque el ciclo vital de cualquier negocio no es siempre el mismo; existen tiempos de bonanza, tiempos de estabilidad y tiempos de crisis y para todos -en igual proporción-, y hay que estar preparado. La filosofía oriental, al efecto, afirma que cada circunstancia (buena, mala, mejor o peor) conlleva un potencial de oportunidades que debemos ser capaces de “leer”.

¿Cómo? desplegando todas nuestras habilidades, conocimientos y capacidades.

Lo que era; lo que es; y lo que puede llegar a ser.

Alguien decía que los viejos esquemas de trabajo siempre fueron más útiles que los nuevos; me refiero a eso de que “la libretita nunca falla”. Estoy convencida que la misma gente que mantiene esa convicción es la misma que cree que su clientela le será fiel toda la vida, o que la competencia nunca podrá hacerle sombra.

Veamos algunas de esas creencias que aún hoy tienen vigencia, pero que frente al volumen de operaciones que maneja una empresa/negocio y la complejidad natural añadida por el mercado de consumo, han dejado de ser la mejor opción:

1. La popular “libreta de almacenero”.

Puede que resulte óptima cuando empiezas o para mantenerla como documentación paralela para tu consulta personal; ahora bien, basar la contabilidad y el presupuesto de un negocio en un cuaderno de notas y como única fuente de flujo de dinero y de toma de decisiones, resulta un sistema bastante arcaico.

2. Las decisiones sobre la marcha.

Esas que tomamos en cinco minutos, producto de la presión y la inmediatez eligiendo -sin bases sólidas- la que podría llegar a ser correcta, la que por experiencia falla pocas veces, o aquella que de ser errónea, provoque un menos impacto sobre el negocio.

3. Seguir el consejo veleta o especulador.

Ese que empieza como rumor, que sale de una fuente desconocida (aunque todos afirman que es sabia) y se riega por doquier como si se tratara de una verdad irrefutable. Esa “verdad”, a la que le damos consistencia porque no sabemos como formar una opinión sobre uno (o varios) temas específicos.

4. De la euforia a la depresión.

Del estrés al letargo. Hablamos de esos estados emocionales que te vuelven incongruente frente a las decisiones a tomar y frente a la gente de tu empresa. Esa euforia que experimentas cuando se cierra una operación importante “se ve”, de igual forma que la frustración por un negocio insatisfactorio o por una mala noticia financiera.

Ni Bill Gates, ni Carlos Slim. Solo tú, con Inteligencia Financiera.

Tomar decisiones a corto, mediano y largo plazo sobre bases sólidas, no sólo te asegurará la permanencia del negocio, sino que además, multiplicará las posibilidades de convertir en exitosa esa permanencia.

Como bien mencionábamos, no hace falta ser un gurú de los negocios, o un economista experto para tomar buenas decisiones; sólo es necesario desarrollar conocimientos y habilidades que aporten mayores certezas a cada una de esas ellas.

Algunos de los beneficios del programa son:

  • Aprender a confeccionar un presupuesto real. No puedes confiar en que la suerte siempre esté de tu lado.
  • Incorporar como hábito metodologías de control y revisión frecuentes del presupuesto. La disciplina es el primer paso para obtener resultados.
  • Entender cuáles son tus creencias respecto al dinero. Identificar que “vicios” repites con frecuencia y evaluar el ajuste que corresponda.
  • Familiarizarte con la educación financiera. Conocer alternativas para tomar decisiones más certeras.
  • Reducir el estrés, la angustia y la desesperación que provocan las situaciones inesperadas. Estar preparados para hacer frente a ellas sin necesidad de desestabilizarnos.

El activo más poderoso que tenemos es nuestra mente. De ser bien entrenada puede crear una enorme riqueza. Robert Kiyosaki.

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