Trabajar sin miedos. La inutilidad del sufrimiento.

Encontrar un espacio para desahogar nuestros avatares de la vida, o para intentar resolver ciertas cuestiones más profundas -y entre ellas, todos los grises que abunden, es cada vez más habitual. Particularmente, decidí tener mi espacio hace algunos años; he resuelto varias cuestiones personales y he recibido herramientas para aceptar y convivir con tantas otras que no puedo cambiar. Pero incluso a veces, y a pesar de mi, me encuentro absorta y elucubrando la mejor opción para sortear nuevas vicisitudes.

Nos pasamos más de dos tercios de nuestra vida trabajando y es, probablemente, el sitio en el cual tenemos que aplicar nuestro más agudo sentido de la adaptación. ¿por qué?; pues sencillo, ¿quién no ha tenido un jefe algo déspota, algo desconfiado, escuetamente comunicativo, intransigente, novato y poco conocedor del negocio, o encantadoramente inteligente?. Por otro lado ¿quién no ha compartido equipo con gente envidiosa, trepadora, irreverente o simplemente con jóvenes inundados de carisma y brillantes?. Si alguien no se ha sentido identificado en alguna situación será porque es un afortunado, porque no trabaja o porque trabaja solo. Y claro, igualmente ellos tendrán otros conflictos…

La falta de confianza o la poca autoestima, además, se suman como otro factor que provoca bloqueos. Hay mucha gente que se siente todo el tiempo al borde del abismo o que todo lo sufre como una amenaza en primera persona; por ejemplo cuando se habla de reducción de personal, de prejubilación o de recortes en el presupuesto, siempre se ven involucrados o en inferioridad de condiciones respecto a otros, a partir de una visión peyorativa creada de si mismos.

Ahora bien, contemplando la situación desde fuera, se podría pensar que la solución es tan fácil como adaptarse, cambiar de trabajo o renunciar para evitar el sufrimiento por la especulación absurda y constante. Pero quienes sufren estas tensiones día a día saben que no es tan sencillo. Para llegar a aceptar y disfrutar de un empleo que se ha convertido en sacrificio, sería entendible la necesidad de un proceso gradual que nos ayude a recuperar la motivación.

Y hay una gran noticia: todo lo expuesto tiene solución. Es posible trabajar sin claudicar ante los miedos y al sufrimiento. ES POSIBLE TRABAJAR SIN SUFRIR.

No obstante, debemos partir de la premisa de la individualidad, por tanto, entender que no todos los motivos tienen el mismo origen ni la misma intensidad. Así como para algunos el salario puede ser un buen motivo para conservar un empleo, para otros lo será la realización personal o el ambiente laboral o ambas cosas. Cada uno de nosotros contará con motivos únicos de índoles diferentes, pero que serán la pieza fundamental, la brújula, para superar y neutralizar los bloqueos.

¿POR DÓNDE EMPEZAMOS?
Tal vez la primera reflexión que deberíamos considerar como una especie de postulado es que el modo en el que se comporten los demás, no es algo que ninguno de nosotros pueda modificar; lo que si podemos intentar revertir es la manera en la que tales comportamientos nos afectan. Siempre se puede estar mejor y por eso, vale la pena intentarlo.

Existen para comenzar, algunas reglas de oro y la primera, es la re!exión. Sin reflexión no hay conocimiento y sin conocimiento no podemos evolucionar. El espacio de treinta minutos al día para pensar, nos da la potestad para analizar desde la razón y no desde el impulso; nos permite planificar metas y concentrar los esfuerzos en ellas y además nos estimula a la observación para el aprendizaje. En efecto, a veces nos cuesta respetar los horarios y sobre todo, el horario de salida, pero debemos intentar no sólo respetarlo, sino disfrutar de estar haciéndolo buscando por ejemplo una actividad posterior que colabore con una desconexión real y placentera.

El trabajo no lo es todo en la vida, pero como mencionábamos antes, ocupa una parte muy importante de ella. Y en este contexto es fundamental entonces: a que aprender a decir que NO sin sentirnos culpables por ello, pondera nuestros derechos; a que admitir posibles errores no nos convierte en peores trabajadores, sino que nos humaniza y a que cambiar la opinión e incluso dudar sobre algún tema, no nos proclama ignorantes, sino que nos enaltece. Permitirnos ciertas libertades, siempre respetando y haciendo respetar nuestros derechos, afirma nuestra seguridad y magnifica nuestra inteligencia emocional.

Así lo asegura la Licenciada en Psicología María Jesús Álava, desde su experiencia de más de 30 años en psicología clínica, educativa y de empresa. En la actualidad dirige el Centro de Psicología Alava Reyes y Apertia-Consulting, gabinete de psicología y empresa de consultoria que están poniendo en práctica un nuevo modelo de gestión del cambio y del desarrollo personal-profesional, por medio de un equipo de experimentados profesionales y de una contrastada metodología.

Ella misma afirma que nuestro ánimo, nuestra confianza en nosotros mismos, la seguridad en nuestros principios, nuestra forma de querernos, de cuidarnos, nuestro sentido común y nuestro sentido del humor son las herramientas con las que contamos para vivir mejor, con más optimismo y con mayor ilusión en nuestro trabajo y en nuestra vida en general.

Un dato interesante, tanto para las personas como para las organizaciones en general, es que según estudios científicos promovidos por la International Society for Humor Studies o ISHS, se ha demostrado que el sentido del humor es una de las herramientas más eficaces para combatir el estrés, enfrentarse a los desafíos y conservar la salud emocional a pesar de los envites de la vida.

Es posible trabajar sin sufrir (y también es posible vivir con mayor ilusión).


Para más información: alavareyesconsultores.com

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