La creatividad se aprende.

La experiencia en el mundo empresarial globalizado, nos ha demostrado que para alcanzar los niveles óptimos de calidad y crecimiento es necesario trabajar desde lo profundo de la estructura: los recursos, sus emociones y sus motivaciones.

Las personas tendemos a replicar patrones habituales de conducta, emocionales y de pensamiento, solemos preservar el status quo y quedarnos en nuestra zona de confort, salvo que tengamos un estímulo poderoso que nos motive a buscar el cambio.
Por lo expuesto, entendemos que incorporar la capacidad de desarrollar una empresa innovadora no es tarea sencilla. Los principales pilares para realizar esa transformación se pueden condensar en cuatro principios: la pasión, la cooperación, la percepción y la generación de ideas. Estas cuatro líneas son los grandes motores que potencian las capacidades de innovar, a partir de la creación de nuevas ideas. Recrearemos brevemente la noción de tales conceptos y de su incidencia directa en la creatividad.

LA PASIÓN. NUESTRAS EMOCIONES SON MÁS DECISIVAS QUE NUESTRO INTELECTO.
Cuando hablamos de pasión, hablamos de aquello que nos motiva intrínsecamente (cuando el placer radica en la misma realización de un trabajo); extrínsecamente (cuando la motivación es la recompensa final por el trabajo cumplido); o bien combinando ambas: un trabajo placentero con una gratificación final.

Mihaly Csikszentmihalyi y su concepto acerca del Flow (fluir), reflexiona por ejemplo en relación al estado de las personas cuando se involucran en una actividad sin importarles nada más; cuando la experiencia en sí misma es tan placentera que la recompensa –incluso habiendo costes adicionales-, será la satisfacción plena por ello.

En cualquier caso, ya es un postulado que aquellas organizaciones que valoran y tienen en cuenta las emociones de sus empleados son más competentes, ya que los alinean y los involucran con la visión y los objetivos globales y afianzan entonces, su participación en el éxito.

LA COOPERACIÓN. NO HAY UNA GRAN IDEA SIN COLABORACIÓN.
En este segundo principio, si bien no restamos importancia al inventor solitario, apelamos mayormente al concepto “ganar-ganar”. Es decir, mostrar que la colaboración suma y es rentable en todos los casos. Aunque en principio el concepto resulte algo utópico, es imprescindible considerar la visión abarcativa y extensiva de mostrar los beneficios para todas las partes involucradas. Lo que podría entenderse como el logro u objetivo cumplido, a partir de la sinergia de esfuerzos.
No obstante, esos esfuerzos deben ser coordinados logrando el equilibrio entre la disciplina y la libertad, sin jerarquías de mando opresivas y aunando capacidades para facilitar el proceso creativo.

LA PERCEPCIÓN. MIRAR DONDE TODO EL MUNDO HA MIRADO Y VER LO QUE NADIE HA VISTO.
Este tercer pilar fundamental en el proceso creativo, basa su importancia en la capacidad de escuchar, en estar abiertos a nuevos conceptos, en ser flexibles y en permitir el feed back.
El cambio en la visión de las cosas, exige una gran capacidad de escucha e interpretación del cliente interno y del entorno que rodea la organización (clientes externos y otras empresas). Ponti (2006), reflexionaba acerca de que los genios creativos no alcanzan sus logros sin estar en permanente contacto con otras personas, teorías y modelos. Su estrategia “think open” hace referencia a saber observar otras realidades, mirar holísticamente, saber escuchar, dar y recibir. Más que mirar a la competencia, tal vez la estrategia sea observar el comportamiento y la percepción del cliente para, a partir de ello, tomar decisiones inteligentes y concentrar la creatividad y la innovación en lo que la observación haya detectado como mejorable.

LA GENERACIÓN DE IDEAS. JUGAR A LA “LOCURA” PARA DAR CON IDEAS “CUERDAS” Y NOVEDOSAS.
Aquí llegamos al último principio, pero no por ello menos importante. Por el contrario, mencionaremos en primer lugar que la capacidad de generar ideas no es algo innato. La creatividad se aprende. La mayoría de las empresas reconocen la importancia de la creatividad, pero paradójicamente no dedican ni tiempo ni recursos para capacitarse en ello.

Como señala Gary Hamel, la innovación continúa siguiendo una ley exponencial: por cada 1000 ideas descabelladas, solo 100 merecerán que se experimente con ellas. De estas 100, sólo a 10 se les atribuirá una inversión significativa; pero finalmente sólo 2 o 3 producirán beneficios reales.

La cotidianeidad nos revela que muchas veces lo urgente desplaza a lo importante. Por este motivo, la importancia de formar a un equipo de profesionales encargados de facilitar, dinamizar y promover espacios para la creatividad y la innovación en la empresa. Dinamizar equipos en sesiones de ideación exige experiencia específica; no obstante, contar con facilitadores bien formados multiplicará las posibilidades de dar con hallazgos valiosos y rentables.

NEURONILLA: ESPECIALISTAS EN FORMAR ESPECIALISTAS.
Neuronilla trabaja en dos grandes áreas: la Creatividad e Innovación y la Gestión de la Felicidad.
Todo ello a partir de una metodología in company especialmente práctica y vivencial. Se dirige al grupo y a la persona en todas sus dimensiones, interrelacionando razón, emoción, acción, cuerpo y contexto.
Además es participativa y motivante, puesto que utiliza técnicas para propiciar que el grupo construya su propio aprendizaje de forma activa, trabajando los objetivos de forma lúdica y divertida. (Descarga el artículo en PDF)

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